Los ríos del Campo de Montiel Imprimir
NATURALEZA - Rios
Escrito por Benjamín Hernández Blázquez   

En el último ejercicio del lustro que se extinguió, el Campo de Montiel fue zona de ensayo de la hipótesis sobre "el lugar de la Mancha", que su creador prefirió ignorar. Los amplios alfoces de 24 municipios fueron diagonalizados y simulados estadísticamente para contrastar esta conjetura. De cualquier modo, Montiel y su comarca, con los amplios espacios que la circundan, disponen además de otra inveterada imagen literaria que fijó perfiles garantizando su perduración por encima de la erosión del tiempo.

 

La historia de estos ralos municipios, en simbiosis con la literatura, ha generado no sólo estos paradigmas universales, sino que acota y condiciona nuestra visión de lugares y paisajes. Por ello, contemplamos sus alcores, albercas o alijares con la retina de árabes y cristianos que la poblaron y cultivaron durante centurias, en una sintonía, otrora no fácil, pero que hoy se nos antojaría imposible.

Confundieron sus culturas bajo la luz que irradiaban las dos ciudades mas relevantes de la historia medieval española: Córdoba y Toledo; y, asimismo escudriñaron hasta el último vericueto a lomos de sus briosos corceles, cuando el caballo simbolizaba riqueza. Floreció en el siglo XIII, cuando el toledano Alfonso el Sabio "se apartó de la visión de las estrellas y alentó los primeros balbuceos del castellano".

Consecuentemente, estas vivencias comunicativas fueron ensanchando el léxico del castellano, ávido de vocablos, entonces. En la toponimia de la comarca o de la provincia, denominaciones de pueblos: Alambra, Almedina hasta las zabras o zubias más dispares exhiben esta etiqueta. Empero, si estos topónimos han conservado su grafía y significado en su devenir histórico, no ocurre lo mismo con la potamología, es decir, la ciencia que describe los fenómenos relacionados con las corrientes de agua de los ríos, especialmente los que principian por gua (al-wadi). Al respecto, el sabio Antístenes enunciaba que: "el principio de toda instrucción humana, es el estudio de los nombres de los elementos que componen la naturaleza".

La voz al-wadi, sin el artículo al o con la forma guad, es la célula generatriz de todas las denominaciones y, usada en el espacio arabáfono, con el amplio significado de río, curso de agua de grande o exiguo caudal; también designa, según el arabita Elías Terés: "cauces fluviales o intermitentes y aún lechos secos y parajes con aguas subálveas, o bien depresiones diversas del relieve en que están inscritos".

En toda su versatilidad fónica, este vocablo exhibe multitud de grafías: wad, hua, hued, guid, gad, ga, guat, od; se contempla, sobre todo desde el centro al sur de España, e inserta en un elevado número de denominaciones de corrientes acuíferas (potamónimos). Según insignes arabistas como Asin Palacios o el referido Terés, la estructura original de los nombres de los ríos se puede dividir en dos apartados, ambos interpolables al campo montieleño.

  • Wadi seguido de un calificativo como Wadi al-almar (Guadalimar)o río rojo. Río al que tributan el Guadalén y el Guadalmena. También Guadalquivir (Wadi al-kabir), el río grande, pertenece a esta calificación y en él convergen ríos de esta planicie.
  • Wadi con genitivo posterior. Ejemplos: Guadarroman de Wadi-ramman o río de los granados, Guadalacete de Wadi-celeth o río de las oraciones, o Guadiana, contiguo con la región, de Wadi-Anna río de Anna. Guadalen de Wadi-alent, Guadalmena, Guadarmena (Wadi-Armana), Guadalmez (Wadi-almez), río del lames, o Guachernos arroyo afluente del río Guadalén, en el alfoz del Almedina. Proviene de la forma reducida Wad, shernos, que según el referido Terés tiene significado múltiple y por ello no lo suficientemente claro.

Otros arabistas sostienen que wad pudo penetrar en el léxico romance o, al menos, fue conocida como voz arábiga con la acepción amplia de río, aunque es destacable observar que los cristianos, al transcribirla en sus crónicas o romancearla, solían convertir en guada. El toledano Covarrubias en su obra clásica Tesoro de la Lengua Castellana interpreta el vocablo como "agua viva que corre, como el río o arroyo".

Todas estas múltiples voces con idéntica acepción fueron susceptibles de cruces e intercambios que convergieron en otros que, aparentemente no similares, de una forma o de otra contribuyeron a engordar el inventario de los ríos ibéricos y por ende, de esta zona por la que también discurre un largo río, el Jabalón (Yamalùm) con el significado de techo abovedado y, también madero ensamblado.

Las diferentes grafías, de acuerdo con otros medievalistas, podían ser debidas a errores de lectura o de copias lapsus calami o error de pluma, que conforman vocablos desfigurados. Se intentan aislar o evaluar estos posibles o probables errores conociendo los distintos estados y las circunstancias que los rodean; todo ello con la aplicación de ciertos métodos estadísticos. En este entorno, albaceas y notarios tomaban muchos nombres al oído y los reproducían como sonaban en buena caligrafía pero de dudosa veracidad, titubeos que no existían cuando se trataba de voces aprehendidas y usadas entre los cristianos.

Pero de una u otra forma, los ríos han sido actores principales en el devenir de los pueblos; las civilizaciones más antiguas: china, egipcia y mesopotámica nacieron y crecieron al lado de un río, y por ello el Huang-he, el Nilo y el Eúfrates fueron venerados como destacadas divinidades a la par que marcaron ortos y ocasos en función del simbolismo generado por el color o caudal de sus aguas.

Hoy, en algunos lugares con riberas y algabas en sus meandros, conservan connotaciones emocionales y se exhiben ahítos de vigor dando pábulo a la imaginación de vecinos y visitantes cuando llaman a la paz en los remansos. En la tahas o comarcas donde discurren, generan climas o microclimas especialmente gratos para regadíos y mantenimiento de huertos, herrenes, alijares o alfaguaras. Empero, los ríos de esta comarca, inmersos en una pertinaz sequía evolucionan hacia la muerte, aunque sean portadores de vida, y su aporte a la riqueza regional no es significativo. Así podemos colegir del estudio citado por la Diputación de la capital "sobre los niveles de renta por habitante de los municipios", que de los 102 municipios de la provincia, igual en número que Almería, sólo diez superan la media nacional, ninguno de esta comarca y la media provincial (13.429 euros) es superada por 47 municipios, sólo tres montieleños.

El resto de los pueblos se localizan en el último tercio de la tabla; turbio laurel, que contrasta con el bagaje histórico reseñado, debido, principalmente, a la exiguas tasas demográficas que conforman pirámides de población lejanas a la mayoría de las zonas peninsulares y todo ello catalizado por una población estacionaria con tasa de envejecimiento que amenaza el modelo socioeconómico del denominado Estado de Bienestar.



Benjamín Hernández Blázquez. Universidad Complutense de Madrid.

http://www2.uah.es/vivatacademia/anteriores/n72/docencia.htm#Los%20r%C3%ADos%20del%20Campo%20de%20Montiel

Ultima actualización ( 23 de Diciembre de 2008 )