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NATURALEZA - Lagunas de Ruidera
Escrito por laslagunasderuidera.wordpress.com   

Nombre oficial: Parque Natural de las Lagunas de Ruidera.
Otras protecciones: Sitio de Interés Natural. ZEPA (1988). Reserva Biosfera (1981).
Localización: Ruidera (Ciudad Real), Ossa de Montiel y Villa Hermosa (Albacete).
Comunidad autónoma: Castilla-La Mancha (España).
Longitud del valle: 30 kilómetros aproximadamente.
Extensión: 3.774 hectáreas.

Con el tiempo, la Real Academia acabará aceptando la palabra “ruidera” como sinónimo de gran alboroto o jaleo. Ya la usan, pese a no existir, algunos medios de comunicación. “La ruidera” en realidad es Ruidera, un pueblecito de Ciudad Real (Castilla-La Mancha, España) famoso por su casi veintena de lagunas construidas durante miles de años por la misma agua. Mucho ruido debieron hacer en el pasado estas aguas en sus constantes saltos para que el lugar acabara llamándose así. Y aunque el hombre la protegió por primera vez durante la II República (declarándolo Sitio de Interés Natural en 1933, y más tarde Parque Natural (en 1979), sus mejores momentos los vivió cuando el ser humano aún no pisaba sus tierras. Y es que la presión urbanística y turística fue, es y (desgraciadamente) será un grave problema que los diferentes gobiernos no han sabido o no han querido mitigar.
El viajero se sorprende al encontrar un oasis como este en plena La Mancha seca. Es uno de sus grandes valores: un rosario de lagunas en tierras casi esteparias. Esto es posible gracias a que la zona es como una gran esponja que absorbe el agua llovida y la acumula en acuíferos que, una vez llenos, rebosan por cientos manantiales, borbotones y demás emisarios. Pero la magia de Ruidera y sus lagunas, además de en el agua, radica en la piedra. Porque aunque lagunas hay muchas, muy pocas en toda Europa son de esta clase: represas naturales de piedra travertínica que se levantan como muros, terrazas, cascadas y demás formaciones de espectacular belleza. En realidad es el mismo agua quien construye, en su discurrir, la piedra, gracias a la precipitación de carbonato cálcico que, en contacto con el oxígeno en las cascadas y torrentes, queda depositado y endurecido, convirtiéndose en piedra con el paso de los años. El desnivel del valle, de ciento veinte metros de diferente entre la primera y la última laguna, hace del recorrido un continuo murmullo de aguas saltando por entre piedras milenarias. El resultado es un impresionante conjunto de cascadas, represas y muros que parecen abrazar al Guadiana en su nacimiento. En toda Europa sólo encontramos en Ruidera esta clase de lagos, juntos con los croatas de Plitvice. Las lagunas de Ruidera son, por tanto, mucho más que simples piscinas en las que bañarse: recorrer sus veredas, sus riberas, disfrutar del murmullo de las cascadas y contemplar la rica avifauna son sólo algunos de sus encantos reales. Porque para bañarnos podemos ir a cualquier piscina. Pero contemplar esta maravilla de la Naturaleza sólo lo podremos hacer aquí.

A comienzos del siglo XXI, el Tribunal Supremo reconocía que el complejo lacustre de las Lagunas de Ruidera es, en realidad, un río: el Alto Guadiana. Terminaba así la polémica que durante décadas ha determinado el devenir de la gestión de sus recursos. Y es que, hasta entonces, cada acumulación de agua se consideraba aislada del resto y, por tanto, objeto de propiedad privada. Desde las primeras desamortizaciones de Mendizábal y Madoz, el Estado ha sacado beneficio económico de la venta del agua y terrenos en Ruidera. El paso del tiempo vio multitud de negocios, compras y ventas posteriores de los herederos, con situaciones tan absurdas como chalés y restaurantes dentro de las cajas de las lagunas, y orillas privadas y urbanizadas. Pero la justicia finalmente llegó cuando los científicos y expertos concluyeron que todas las lagunas de Ruidera están comunicadas entre sí, ya sea por ríos, torrentes, cascadas o pasos subterráneos, y por lo tanto configuran una misma corriente fluvial; es decir: un río. Y, como todo río, no debe ni nunca debió ser objeto de propiedad privada. Sólo el paso de los años y la evolución de la conciencia humana pondrá todo el su sitio para devolver al pueblo lo que algunos latifundistas querían sólo para ellos. Y las Lagunas de Ruidera serán, en la teoría y en la práctica, de todos.

Durante años, la avaricia de los gobiernos para hacer dinero rápido y fácil ha degradado el entorno muy gravemente, al incentivar un turismo masificado y poco sensibilizado con la naturaleza, al que no se le prohibía prácticamente nada. El resultado es que durante décadas se ha inculcado que las Lagunas de Ruidera son poco menos que piscinas donde bañarse y descontrolarse sin límites. Pero esto es un Parque Natural, y quien lo visite debe saber que está prohibido hacer fuego, acampar libremente, molestar a la fauna, desviarse de los caminos señalizados, poner aparatos de música de alto volumen y, en general, cualquier actividad que atente contra la naturaleza. El civismo es nuestra mejor tarjeta de presentación: uno puede darse un chapuzón sin problemas, pero limitar toda la grandeza de Ruidera a un día de playa es absurdo. Recomendamos visitar el parque en primavera y otoño, gracias a la diversidad de especies de aves y a la belleza del paisaje, además de por las temperaturas más suaves, y evitar el verano y su masificación de turismo. Además, en el verano el nivel de las aguas disminuye notablemente y desaparecen las cascadas y algunas lagunas, por lo que nos quedaremos sin ver lo más importante del Parque. Olvídate del pensamiento de que las lagunas son para el verano; quedarte en casa e ir a la piscina municipal es más cómodo y barato. ¿Irías a las Tablas de Daimiel o a Doañana sólo para bañarte?

Pocos atardeceres son tan especiales como en Ruidera. La tranquilidad del otoño o el invierno estremece. El silencio es casi infinito, sólo roto dulcemente por el canto de los pájaros. La luz, los colores, los reflejos, el olor a campo… Los sentidos se despiertan y abrazan cada momento. Es posible practicar senderismo por pistas peatonales, adentrarse en refugios de fauna de acceso libre, practicar ciclismo por todas las orillas por caminos cerrados al tráfico motorizado, contemplar la avifauna, identificar una amplia variedad de flores silvestres y especies de árboles… Aparcar el coche en el pueblo y darse un paseo andando o en bicicleta es la mejor manera de disfrutar con toda la familia.

El Pantano de Peñarroya está situado junto al castillo homónimo, en el estrecho también del mismo nombre. El castillo es una clara muestra de la importancia de estos terrenos en la estrategia militar de hace siglos. Se cree que en sus orígenes fue musulmán y, más tarde, perteneciente a los caballeros hospitalarios. A pesar de su aspecto, no fue pensado para resistir asedios, sino para la protección de pacíficos labradores y garantizar el cobro de impuestos (se cree que su principal función era de “caja fuerte” o almacén de bienes). En 1212, Alfonso VIII cedió este castillo a la Orden Militar de San Juan de Jerusalén. Desde entonces, las reformas y adaptaciones han sido numerosas, las más importantes datan de entre los siglos XIII y XV, y entre el XVI y XIX. Entre el siglo XX y el XXI se añadieron numerosos elementos en reconstrucción, en armonía con la estética original. Si situación sobre un acantilado (cuando no existía el pantano) hacía posible su protección por dos flancos, por lo que sólo se construyó uno de muralla. Los elementos originales conservados son: la muralla interna, el foso exterior, un aljibe, el santuario de armas, la torre del homenaje (de tres pisos) y el santuario de Nuestra Señora de la Encarnación de Peñarroya. En la segunda mitad del siglo XX se construyó un pantano a los pies del castillo para recoger las aguas salientes de las Lagunas de Ruidera y abastecer a las poblaciones cercanas.

Ultima actualización ( 30 de Enero de 2011 )
 
 
 
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